Vuelta por las calles de Madrid pedaleando sobre ruedas minúsculas.
Debo decir que cuando viajo me gusta mezclar al mochilero con el burgués. Me gusta mochilear unos días, y de vez en cuando parar en un hotel con pileta, como para gratificarme un poco.
El año pasado tuve la suerte de conocer Salta y Tucumán mientras trabajaba para el programa Kilómetro a kilómetro . Otra forma de viajar, aunque con el trabajo se mezclan un poco las cosas y no se puede disfrutar tanto del lugar como si lo recorrieras por tu cuenta. Lo que sí me parece interesante es que de esa manera uno puede ver los lugares y tener una panorama para volver a los que más te gustaron.
Uno de los viajes más curiosos que recuerdo es el que hice cuando tenía 14 años y mi papá (Alfredo Casero) tenía que ir a España para reunirse con unas personas y ver unas cosas allá. Entonces, lo acompañé. Era invierno en España, y desde que llegamos mi viejo estuvo ocupado con sus reuniones, a las que yo no quería ir. Mi relación con mi viejo era muy buena, pero él estaba con su trabajo y no me daba mucha bola.
Alto rodado
Así que el primer día salí por mi cuenta a recorrer un poco los alrededores; el segundo, también estuve merodeando por la ciudad; al tercer día, me di cuenta de que en España hacía un frío tremendo para salir a caminar, así que decidí comprar una bicicleta... de payaso, muy chiquita, que tenía unas ruedas de apenas 12 centímetros de diámetro.
Y paseé por España con esa bicicletita, fui de acá para allá, llegué a la puerta del Museo del Prado y no se podía entrar, y después de dar algunas vueltas más me di cuenta de que estaba aburrido. Es decir, transcurría esa etapa de la vida en que uno es cola de león y cabeza de ratón, un chico entre los grandes y un grande entre los chicos, y no le podía sacar mucho provecho a las circunstancias.
En ese momento decidí ir al hotel a buscar algo de dinero y salí a comprar otras cosas que en Buenos Aires no se conseguían, y como en ese momento el cambio era bastante favorable, parecía una idea razonable.
La Play
Así que billetera en mano (en ese entonces yo ya trabajaba y tenía mi propio dinero), entré en un local de electrónicos decidido a comprar dos PlayStation, una para mí y otra que me habían encargado, y una cámara digital, que en esa época apenas aparecía en el mercado.
Sin embargo, al llegar a la caja el vendedor me dijo que las PlayStation eran PAL B, razón por la cual no era compatible el modo argentino, así que no las compré.
Creo que fue entonces cuando me detuve y dije: ¿qué estoy haciendo en España, comprando artículos electrónicos que ni siquiera necesito?"
La verdad es que no daba, y como justo en ese momento yo estaba de novio, decidí volver. Es decir, en total, estuve cuatro días en España. Un viaje relámpago.
Finalmente, cuando aterricé en la Argentina, ingresé en Migraciones y pasé por la aduana, donde revisaron el equipaje, y al ver el bolso donde llevaba la bicicletita me preguntaron qué tenía ahí. Y yo respondí: una bicicleta de payaso.
Nunca entendí por qué me creyó aquel oficial, pero lo cierto es que pasé sin siquiera abrir el bolso ni darle mayores explicaciones.
De vuelta en la Argentina, era el mismo que antes de partir, aunque ahora llevaba una bicicleta de payaso bajo el brazo.