Petra era mi destino soñado y no me defraudó. Resultó todo lo imaginado y más.
Describir la belleza del Desfiladero, con sus mil formas esculpidas por el viento y el tiempo; la Avenida de las Fachadas y sus imponentes edificios, tallados en la piedra rosada a derecha e izquierda de la larga calle; asomarse a esas cuevas donde las vetas de techos y paredes cambian del índigo al púrpura mezcladas con blanco en innumerables curvas resulta muy difícil. Seguramente, uno se queda sólo en el intento.
Veníamos de Tierra Santa y nos dirigíamos al Sinaí. Petra era la joya que aspirábamos ver.
Pero Jordania nos esperaba con una sorpresa inesperada: Jerash.
Al norte de Amman, fue una de las ciudades de la Decápolis romana, la antigua Gerasa, cuyos restos se conservan espléndidos en un parque arqueológico amplio y sin ningún poblado que lo ahogue, permitiendo pasear y apreciar sin trabas el magnífico conjunto.
Columnas, arcos y el teatro son sus más preciadas construcciones. Sorprende la columnata central, ubicadas en forma oval excelentemente conservada. También las calles con las tradicionales piedras romanas, donde aún se observan claramente estampadas las huellas de los carruajes, flanqueadas a derecha e izquierda por las columnas más altas del mundo romano, según nos explican los guías.
Y se camina por la ciudad romana, subiendo cuestas y bajando por reconstruidas escalinatas, avanzando entre calles de piedra y altísimas columnas.
El teatro está actualmente en uso y conserva mucho del original. Un conjunto de tres músicos con instrumentos y ropa tradicionales tocaba para que una niña de unos 4 años bailara ante el asombro de los escasos turistas extranjeros y abundantes turistas locales claramente identificables por su vestimenta.
El cuerpo tapado, y en algún caso con velo, de las mujeres musulmanas contrastaba con los brazos libres y cabellos al viento de las turistas extranjeras.
De Jerash se sale por el Arco de triunfo, punto inicial del camino a Madaba, la ciudad de los mosaicos, donde se conserva la tradición romana por el arte mosaiquista enriquecida aquí por la cultura bizantina.
Sin duda, Jordania resultó mucho más que la Petra soñada y Jerash deja un recuerdo perdurable.