Después de vivir en Alemania y Brasil durante once años, la familia Nüdenberg decidió volver a la Argentina hace quince. Descubrió entonces la estancia Santa Rita, 200 hectáreas de campo a 130 km de la capital en Carboni, partido de Lobos. Y la transformó en lo que es hoy: un hotel de campo con dos casonas antiguas reconvertidas en ambientes románticos, como de película de la belle époque, con esculturas gigantes y torres de cuento de hadas, todo dispuesto para el turismo.
Los últimos 20 km antes de llegar al establecimiento son de un camino de tierra mejorado, por el que se supera un pueblo de juguete llamado Antonio Carboni que tiene una iglesia construida por Alejandro Bustillo. Después, el sendero serpentea un pintoresco puente bajo el cual corre el arroyo Las Garzas. Una vez que el portón de hierro quedó atrás, la avenida de árboles conduce a un majestuoso frente que semeja un antiguo castillo con pinceladas modernas, todo vidriado. Se ven dos construcciones, una de 1850 y otra de 1800, ambas recicladas en estilo barroco italiano. El viaje en el tiempo se completa al pasar a las amplias habitaciones de la casa, en el primer piso o en la galería, todas con baño privado y camas con baldaquino, o al caminar por el bosque de 40 hectáreas con sus añosas especies.
Franklin Nüdenberg se ocupó personalmente de remodelar y diseñar los interiores de las casas, tomando como eje la época barroca que va de 1620 a 1700, aproximadamente. En una de ellas se conservó la fachada neogótica original, pero el resto de los interiores fue modificado para su confort. Recientemente fue terminado el comedor nuevo con arcadas y se sumaron dos habitaciones.
Como custodiando el parque asoman las esculturas antiguas de la época en que la estancia perteneció a la familia Ezcurra y las fuentes hechas por el mismo Franklin; omnipresente, canta el ruido del agua y el cacareo de patos y gallinas que circulan orondas por el parque.
Gastronomía fusión
De la original gastronomía campera quedaron algunos platos, aunque hoy Santa Rita cuenta con el flamante cocinero Javier Rey, que practica una "cocina más elaborada y cuidada, fusión entre lo criollo y lo europeo", según dice la dueña, Isabel Duggan. Juan Manuel, el gerente, se asegura de que todo funcione cuando ella o Franklin no están.
Se sirven cuatro comidas por día con entrada, principal y postre con bebidas no alcohólicas en mesas individuales; se intenta que los niños coman más temprano, solos con personal del establecimiento o con algún familiar. El lugar es frecuentado principalmente por parejas y algunas familias. Para las Fiestas se prevén platos especiales en modalidad buffet.
Por la mañana bien temprano o por la tarde, después del chapuzón en la gran pileta dispuesta como un dibujo sobre el pasto recién cortado, las cabalgatas de hasta 8 personas con guía llegan hasta el bosque de casuarinas y eucaliptos de más de 200 años, o hasta la cañada. Esta es una zona de terrenos bajos que pueden o no estar bajo al agua, donde hay infinidad de pájaros de colores (como las cigüeñas blancas que contrastan con las parinas rosadas).
La laguna de Lobos, el Aeroclub, la cancha de golf y el Club de Paracaidismo son algunos de los atractivos a sólo 35 km del casco. "Pero es imposible cansarse del campo en esta época donde todo está en flor", concluye Isabel Duggan junto a sus hijas.