Como muchos descendientes de españoles, mi esposo tenía una deuda pendiente: conocer el pueblo de su abuelo paterno.
Nos contactamos por carta y por mail con familiares y el alcalde de Auritz-Burguete. Nos respondieron inmediatamente y nos recibieron en Pamplona con grandes demostraciones de cariño. Al día siguiente nos llevaron en auto hasta Burguete, un pequeño pueblo en medio de los Pirineos, en la región de Navarra. En el viaje pasamos por pequeñas poblaciones dispersas en medio de bosques de hayas y un paisaje muy verde. Nos cruzábamos con peregrinos que hacían el Camino de Santiago, marcado en la ruta con flechas amarillas.
Al llegar a nuestro destino, la emoción fue inmensa. Burguete ha cambiado poco a través de los años. Las casas se alinean a los costados del camino. Casas con techos de mucha pendiente (por las nevadas), con ventanas y puertas de colores y flores, muchas flores. Es un verdadero paraíso de tranquilidad y seguridad, donde todos se conocen, donde salen a cazar y pescar por las cercanías, y donde el paisaje es bellísimo.
Tiene unos 400 habitantes y una rica historia, ya que desde la época romana fue paso a través de los Pirineos. Por allí pasó de regreso el ejército de Carlomagno y fue atacada y destruida su retaguardia, hecho que se cuenta en la Canción de Rolando.
Nos esperaban los familiares radicados allí, y en medio de un delicioso picoteo nos fuimos conociendo. Tuvimos una sorpresa extra, ya que nos fue a saludar una pareja de argentinos, Patricia y Martín, dueños de un bar y afincados allí desde hace cinco años. El alcalde nos recibió muy cordialmente y nos entregó toda la documentación encontrada sobre los familiares. Conocimos la casa de la familia del abuelo, en cuyo frente está la fecha de construcción: año 1780.
Nos llevaron a conocer Roncesvalles, casi en el límite con Francia. Allí se venera la Virgen de Roncesvalles, a la que piden protección los peregrinos del Camino de Santiago. Nuestro regreso a Pamplona estuvo dominado por los recuerdos del maravilloso día. Como un regalo más, el sol se ponía y teñía el paisaje de dorado, entre nubes rosadas.