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Caimán, un paraíso más allá de lo fiscal

El archipiélago tiene también playas famosas, tiendas de grandes marcas, una vida submarina exótica y hasta su propio Infierno.

Caimán, un paraíso más allá de lo fiscalGRAN CAIMAN.- Agua cálida y turquesa, playas de arenas blancas y palmeras, una exótica fauna subacuática y una conglomeración de resorts de lujo. Esto es el paraíso no sólo para los amantes del relax y el buceo, sino también para quienes quieran depositar aquí sus ahorros, abrir una cuenta anónima o no pagar impuestos: las islas Caimán son un pedazo de cielo en la tierra, y también el mayor paraíso fiscal de América.

Estas islas son, en realidad, las cumbres de montañas submarinas que descubrió Colón en 1503. Un alfombrado de tortugas lo llevó a llamarlas al principio Las Tortugas. De allí en más fue escondite de piratas y corsarios, y en 1670 colonia británica hasta la actualidad.

Hoy se llaman Caimán, y son tres islas a unos 780 km al sudoeste de Miami o 240 km de Cuba. La más extensa es Gran Caimán (de 197 km2, toda la isla es igual a la ciudad de Buenos Aires), donde se concentra la población y la industria hotelera. George Town, su capital, es también el punto de recalada para más de 30 líneas de cruceros que navegan por el Caribe. El 70% de los turistas de esta isla arriba en enormes barcos. Las otras dos islas se llaman Pequeña Caimán y Caimán Brac.

El mayor encanto de este destino no está justamente en la mano del hombre. El lugar más popular para disfrutar de la belleza natural de Gran Caimán es la playa de las 7 millas, rankeada como la mejor playa del Caribe. Es el hogar de la gran mayoría de resorts y hoteles de lujo. A pesar de su nombre, la playa tiene 5,5 millas (8,9 km) y es víctima de la erosión, lo que hace que en algunos sectores se esté angostando. Si bien los hoteles están sobre sus costas, la playa es pública y es posible caminar a lo largo de ella atravesando las lujosas villas. Hay restaurantes y bares, y algunos arrecifes de coral que invitan a hacer snorkel. Al poner un pie en el agua se acercan sin miedo peces de colores y hasta alguna tortuga marina.

Identidad corporativa
Al sur de esta playa está la capital, George Town, una ciudad ordenada y caribeña, con casas de madera de colores y edificios bajos. Aunque a la vista sea modesta, en esta ciudad hay registradas 80.000 compañías, casi dos por cada habitante. Las empresas registran aquí sus casas matrices o subsidiarias porque están exentas del impuesto sobre la renta corporativa. Casi 68.000 de las compañías con base en Caimán hacen negocios en el mundo entero, aunque curiosamente no tienen intereses en las islas (ver recuadro).

Aunque sea una colonia inglesa, la sensación por la calle es la de estar en Estados Unidos, salvo porque los autos conducen por la izquierda. Todas las grandes cadenas de restaurantes y tiendas están aquí presentes, sobre la calle o en galerías a cielo abierto. Se vende joyería y accesorios de diseñadores de fama mundial como Versace, Gucci, Tiffany, Cartier, Louis Vuitton y muchos más, libres de impuestos.

Una de las atracciones submarinas más visitadas es Stingray City. Este sitio ofrece una oportunidad única en el mundo: nadar entre mantarrayas (mucho más grandes que las rayas comunes), que se sienten cómodas en compañía de seres humanos. Para llegar hasta aquí es necesario tomar un barco (la excursión ronda los US$ 40), que navega unos kilómetros mar adentro hasta unos bancos de arena que asoman a la superficie. Las rayas viven aquí desde mediados de los años 80, cuando los pescadores paraban en estas piletas artificiales a limpiar sus redes camino de vuelta al puerto.

Hoy ya no anclan los pescadores, pero son los propios turistas los que pueden darles de comer en la boca. Cuando mojan el cuerpo en estas aguas cristalinas, las enormes rayas se acercan y empiezan a frotarse contra sus piernas. Enseguida notarán que son tan mansas como corderos: se puede tocarlas y hasta besarlas. El lugar es ideal para hacer snorkel.

Si la idea es no mojarse, también se puede ver el fondo del mar desde el submarino Atlantis. La excursión sale de George Town en lancha hasta la nave, a 10 minutos de la costa, y una vez allí se sumerge durante 45 minutos. El barco para 44 pasajeros desciende 30 metros y ofrece increíbles vistas del arrecife de coral, peces tropicales, mantarrayas y barracudas que muestran sus filosos dientes. La excursión cuesta US$ 49 para los menores y 89 para mayores.

Cerca de la oficina de informes del Atlantis, otro puesto de ventas invita a toda la familia a navegar en el Jolly Roger. El barco es una réplica en 2/3 del tamaño original del galeón Nina, que usó Colón para cruzar tres veces el Atlántico. Este navío pasea por dos horas y retrotrae el tiempo a la época de los piratas, cuyos descendientes están a bordo. Se aconseja traer traje de baño y equipo de snorkel para explorar el mundo submarino durante una parada en alta mar. El crucero es ideal para chicos que pueden disparar el cañón o ayudar a izar la vela mayor. El precio es de US$ 25 para los niños y 40 para los adultos.

Las tortugas no se escapan
Por tener un clima subtropical todo el año, en las islas Caimán no hay excusas para no disfrutar del agua. Las altas temperaturas se apaciguan con los vientos fríos. Por eso en los meses de verano, de mayo a octubre, la temperatura promedio es de 29ºC, mientras que el resto del año apenas baja a 25ºC. La temporada de huracanes es de junio a noviembre.

Una forma cómoda de conocer la isla es alquilar un auto, pero también es fácil moverse en los buses que pasan cada 15 minutos y van de George Town a West Bay. Este trayecto es el más turístico, y el camino en sí mismo ofrece vistas panorámicas de la región. También se puede alquilar bicicletas y motos.

A bordo de estos minibuses se puede pasar, en cuestión de minutos, del paraíso al infierno. En Gran Caimán, el Infierno (Hell) es un pueblito con extrañas y tenebrosas formaciones negras de esqueletos de conchas y corales. Dicen que hace 1,5 millones de años esta zona estaba bajo el mar, y su vida submarina con los siglos se fue solidificando por los depósitos de sal y cal. Estas formaciones ocupan la mitad de una cancha de fútbol y no se puede caminar sobre ellas, de manera que es una parada de apenas unos minutos. Muchos no resisten la tentación de enviar una postal desde el correo con el sello oficial del Infierno, o comprar un souvenir en el gift shop. Entonces, si visita Gran Caimán váyase al Infierno y salga rápido.

Otra parada cercana es la granja de tortugas. Aquí se puede verlas en diferentes estados de desarrollo; de grandes llegan a pesar mucho más que un humano. Estos animales se dejan tocar y acariciar, e incluso se pueden alzar. El recorrido lleva unos 30 minutos y la entrada es de US$ 3 para los chicos de 6 a 12 años, y 6 para los adultos.

Por Lucía Marti Garro
Para LA NACION

Fuente

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