Al pie del camino de las Altas Cumbres, el pueblo es un puñado de casas rodeadas de ríos, arroyos y frutales, con una larga historia detrás
NONO.? Basta llegar para verlas, esas siluetas redondeadas que dominan el paisaje serrano en el tramo que va de Villa Dolores a Mina Clavero: con forma de senos femeninos son las que le dieron el nombre a Nono, en la lengua de los aborígenes. Junto a ellos se levanta un pueblo que está entre los más antiguos de Traslasierra ?el asentamiento comenchingón fue cedido en 1595 a un encomendero? y también entre los más discretos, como si no quisiera que sea perturbada su tranquila posición al pie de las Altas Cumbres.
El pueblo en sí son algunas manzanas, en las que no quedan construcciones de sus tiempos más antiguos, pero sí varias casas y muros de adobe que le dan una pátina de historia, en torno de la plaza principal y la iglesia.
Por la noche, éste es el punto de reunión: la feria artesanal, los restaurantes donde rivalizan en sabor las empanadas cordobesas, los negocios que abren una vez pasada la hora del sol. Pero lo más lindo de Nono está en las afueras, donde la cantarina naturaleza cordobesa se hace una fiesta de bosques, ríos y arroyos.
Todo visitante que llega a Traslasierra debe tener presente que los ríos de la región están sujetos a crecidas repentinas: es importante, entonces, informarse antes de elegir los lugares donde disfrutar del agua, y sobre todo mantenerse cerca de los balnearios que pueden alertar ante cualquier imprevisto. Saliendo del pueblo por un camino de ripio se llega de Nono a Paso de las Tropas, uno de los más lindos parajes de la región, donde las aguas se juntan en piletones naturales y cascadas ideales para refrescarse.
Otro balneario es Los Remansos, que queda a sólo dos kilómetros de la plaza principal: allí, el río Chico hace correr las aguas entre grandes bloques de piedra y se forman ollas para nadar con tranquilidad.
Con aguas un poco más cálidas y tranquilas playas de arena, también tienta el balneario del río Los Sauces, junto a la unión de los ríos Panaholma y Mina Clavero. No extraña, rodeados del canto de las aves serranas y el perfume de las hierbas aromáticas, que en sus tiempos el marqués de Sobremonte haya destacado la belleza y el clima del lugar.
Cerca de Nono se visitan Lonca-Hué, establecimiento de cultivo orgánico de frambuesas (en temporada se puede combinar visitas para cosechar uno mismo la fruta), y Eben-Ezer, local donde se elaboran licores artesanales.
Pocos kilómetros más allá se encuentran también numerosas plantaciones de olivos, que están entre las más antiguas del país. Una botella de buen aceite de oliva es, sin duda, uno de los recuerdos que Córdoba no puede dejar de poner en nuestra valija (junto a la famosa cerámica negra de Traslasierra y las canastas que se encuentran, en todas formas y tamaños, en las casas de artesanías a la vera de la ruta).
Para cruzar desde Nono hacia el otro lado de las sierras, el camino de las Altas Cumbres es un itinerario imperdible, partiendo de la cercana Mina Clavero (aquí también se puede hacer un alto en los balnearios, sobre los ríos Mina Clavero y Panaholma).
La ruta, que conserva el recuerdo del paso del Cura Brochero, tiene en total unos 120 km, jalonados de curvas y contracurvas, como todo camino de montaña: hay que recorrerlos con tiempo, para parar a apreciar sus numerosas vistas panorámicas sobre los valles y faldeos.
En varios lugares al borde del camino hay puestos de artesanías, junto a otros que ofrecen comprar piedras (como la brillante mica típica de Córdoba) y alfajores. Ya más avanzados, el último tramo de la ruta permite divisar el Observatorio Astronómico Bosque Alegre y la Estación Terrena (se puede visitar, combinando previamente visitas guiadas). Poco más allá, la ruta se bifurca y pone fin al viaje: es hora de elegir el siguiente destino, Carlos Paz o Alta Gracia.