En el complejo de Teotihuacán se puede subir a estos monumentos de más de mil años
CIUDAD DE MEXICO.- "Si venís al D.F. y no visitás Teotihuacán, mejor no digas que estuviste en la ciudad." La afirmación de Laura, la guía, casi no da lugar a dudas entre ir o no a conocer las famosas pirámides.
Están a casi 40 kilómetros del centro, pero llegar demanda un par de horas y parece otro mundo.
Como en la mayoría de los sitios arqueológicos, lo importante es lo que se cuenta de ellos, la historia, la forma de vida de los habitantes, más allá de las ruinas que se ven.
Pero en este caso las dos inmensas pirámides, del Sol y de la Luna (un poco más chica) acaparan la atención de los visitantes, sobre todo porque se puede subir (en Chichen Itzá ya no lo permiten).
Así que antes de profundizar en el pasado de la civilización que la construyó hay que llegar a la cima.
La Pirámide del Sol es la más alta. Para llegar hay que escalar alrededor de 250 escalones, tan angostos que casi no entra el pie.
Desde arriba se ve el pueblo de San Martín de las Pirámides y más allá, a lo lejos, el enorme D.F.
Se siente la energía que sobrevuela el lugar y dan ganas de quedarse allí arriba. Lo realmente difícil es bajar, sobre todo para los que sienten vértigo, porque es tan empinada que uno cree que va a rodar cuesta abajo. Nada de eso sucede, despacio y con tranquilidad, no se corre ningún riesgo.
El complejo de Teotihuacán está en medio de un pueblo, donde los habitantes cuando se despiertan cada mañana ven por la ventana las pirámides.
La zona, que estuvo habitada por la civilización teotihuacana, fue abandonada en el 750. Las pirámides se cree que se construyeron hace 2000 años como centro ceremonial.
El nombre, en realidad, es una voz azteca que significa Ciudad de Dioses.
Poco se sabe de los teotihuacanos, aunque se presume que la población llegó, alrededor del siglo VI, a los 200.000 habitantes, entre las más grandes ciudades del mundo. Cultivaban verduras y cereales, y practicaban el trueque con otros habitantes de la zona.
Con el abandono, las pirámides se cubrieron de maleza y quedaron ocultas, como si fueran montañas. No las vieron ni los aztecas, que llegaron después, ni los españoles, hasta principios de 1900 que fueron descubiertas.
Hace apenas unos meses se encontró un túnel sellado hace más de mil años con recintos laterales que podrían tener las tumbas de algunos de los primeros gobernantes de esa ciudad prehispánica. El descubrimiento de una tumba sería importante porque la estructura social de Teotihuacán sigue siendo un misterio después de casi 100 años de exploración arqueológica en el lugar.
La obsidiana era el elemento primordial de esta civilización, de la que se saben muchas cosas, pero que todavía genera interrogantes entre los investigadores. Muy cerca hay comercios que venden todo tipo de objetos realizados en esta piedra para un recuerdo, parada obligada de todas las excursiones.