Los mejores lugares para que el Día de los Enamorados nunca termine
Mal que le pese al presidente de Francia, que llevó a su por entonces novia a pasear por Eurodisney, Europa tiene lugares mucho más románticos para un viaje inolvidable acompañado de palabras de amor. Ciudades y pueblos donde el romance personal se incorpora al gran libro de la historia: aquí, una breve agenda para sorprender en el Día de San Valentín.
Venecia
¿Qué mejor lugar para susurrar palabras de amor que los canales venecianos? A la sombra de la Plaza San Marcos, las góndolas se deslizan como en un sueño entre antiguos palazzi y bajo el Puente de los Suspiros (para el caso, hay que olvidar que los suspiros no eran de enamorados, sino de condenados a muerte... ¿O se podrían comparar ambos casos?). Los escépticos dicen que hay que estar bien enamorados para tomar las góndolas, porque son caras y lentas, pero en verdad tienen un romanticismo del que carecen los abarrotados vaporetti que circulan como colectivos por los canales.
En la época de San Valentín, el Carnaval veneciano de reminiscencias renacentistas le pone un toque aún más romántico. Al fin y al cabo, es la ciudad del irreductible campeón de las aventuras amorosas, un tal Giacomo Casanova...
Verona
Cuna por excelencia de los amores contrariados, Verona también es un clásico del paseo de los enamorados felices. La ciudad de la desdichada Julieta, cuya estatua se encuentra al pie del célebre balcón de sus amores ocultos con Romeo, también es cuna del poeta Catulo, que escribió en latín su exquisito ruego: "Dame mil besos, después cien, después otros mil, después nuevamente cien, después más aún, otros mil, y cien más... Después, cuando hayamos alcanzado muchos miles, los confundiremos para no saber cuántos son y que nadie pueda envidiarnos al saber que hubo tantos besos". En la casa de Julieta se puede dejar un papel en el patio que lleva al balcón, junto a otras miles de declaraciones de amor.
Menos castamente, dice la leyenda que hay que tocar el pecho derecho de la estatua en augurio de buena suerte. Cada año se premia también la mejor carta de amor enviada al imaginario personaje shakespeariano. Pero Verona fascina también con sus barrios medievales, el castillo y el lago di Garda: nada más romántico en el mundo que observar su perfil a lo lejos, bajo la luz plateada de la luna llena.
Bad Ischl
Al este de Salzburgo, Bad Ischl está en el corazón de la ruta romántica del Tirol austríaco. En esta época del año, sus techos están cubiertos de nieve e invitan al calor de un café en la célebre pastelería Zauner. Ischl fue el escenario de uno de los mayores coup de foudre de la historia de Europa: el que sintió el joven emperador Francisco José por su jovencísima prima, Elisabeth de Wittelsbach, conocida como Sissi. Ella no pudo menos que aceptarlo: "No se le dice que no a un emperador", fue la lapidaria frase de su madre, que en verdad buscaba casar a su hija mayor. En el actual Museo de la Ciudad fue la petición de mano, a pesar de la oposición familiar. Se visita también la Kaiservilla, regalo de bodas de la pareja y residencia de verano de Francisco José entre 1848 y 1814.
Castillos de Baviera
Para vivir un romance como en los cuentos de hadas, es infaltable el escenario de un castillo. Algunos de los más hermosos de Europa se le deben a la exaltada imaginación del rey Ludwig II de Baviera, de la misma rama Wittelsbach que Sissi, que hizo levantar los espectaculares castillos de Neuschwanstein, Hohenschwangau, Liederhof y Herrenchiemsee. El primero, tal vez el más idílico y concebido más como un decorado teatral que como un edificio, está construido en lo alto de una montaña escarpada, en homenaje a Richard Wagner: inevitablemente, sus torres y agujas hacen pensar en los cuentos de hadas y en antiguas leyendas, como la de Tristán e Isolda, que fascinaban al rey. Su silueta, ideal para una pareja en busca de inspiración romántica, forma parte del paisaje más fotografiado de Alemania.
Granada y la Alhambra
La Alhambra, el paraíso terrenal del rey Boabdil, tiene sin duda embrujo moro. Su sala de los secretos , de acústica increíble, permite desgranar palabras amorosas en voz baja a la persona amada situada en el extremo opuesto..., que podrá escucharlas como si estuviera al lado. Las finas columnas nazaríes, la cuidadosa decoración interior de las salas, las paredes grabadas en infinitos arabescos caligráficos y el magistral juego de luces que puede advertirse en la ciudad amurallada crean un clima feérico, como el que fascinó a Washington Irving para los Cuentos de la Alhambra . Patios, fuentes, aljibes, residencias y mezquitas forman el conjunto de la fortaleza roja -curioso nombre para su blanca arquitectura-, que fue prisión de tres princesas árabes para evitar que se enamoraran de caballeros españoles.
Dejando atrás sus leyendas y sinsabores, hoy la Alhambra es el escenario de un perfecto idilio con acento andaluz.
Brujas
Hasta el alma más solitaria es conquistable con un chocolate de Brujas. Famosa por sus chocolaterías, la ciudad belga tiene una especialidad llamada Brugsch Swaentje, bombón en forma de cisne que bien puede ser la manera más directa de llegar al corazón a través del paladar. La otra especialidad son los encajes y las puntillas, bordadas por manos increíblemente hábiles: se las ve en todas las vidrieras del centro histórico de la ciudad, que se puede recorrer a pie, pasando de un monumento gótico a otro, entre puentes y canales. A pesar del clima frío del norte de Europa, sopla sobre Brujas un inclaudicable aire romántico: lo alientan sus casas antiguas, la Plaza Mayor con su campanario gótico y, por qué no, el brillo de sus diamantes. Fue aquí donde el joyero Lodwijk van Berquem inventó, en el siglo XV, el arte de pulir estas gemas: su taller está reconstruido actualmente en el Museo del Diamante de Brujas. Y si el chocolate no alcanzó para convencer a un corazón frío, tal vez sean los diamantes los encargados de lograrlo.
París
El Sena, surcado de barcos que iluminan la noche y los monumentos. El antiguo Pont Neuf, que cruza de una orilla a otra. La elegante Place Vendôme y el laberinto de Montmartre. La avenida de los Champs-Elysées, que desemboca en el Arco del Triunfo, y la silueta estilizada de la Torre Eiffel, que cada noche se enciende en un estallido asombroso de destellos y luces titilantes. La Ciudad Luz tiene todo para iluminar una historia de amor y hacerla inolvidable. Capital de amantes célebres, un itinerario amoroso bien puede rendir homenaje a Eloísa y Abelardo en el Père Lachaise, a Sartre y Simone de Beauvoir en los cafés de la Rive Gauche, a Rodin y Camille Claudel en el Museo Rodin, a Quasimodo y Esmeralda en Nôtre Dame , sin olvidar un poco de diversión en los cabarets como el Lido y el Moulin Rouge.
Para hacer un regalo, nada mejor que las flores del Marché des Fleurs de l Ile de la Cité (allí mismo, Robert Doisneau sacó una de sus fotos de enamorados más famosa), o bien los ramos de rosas de Au Nom de la Rose, en el Marais. Y mientras tanto, se puede acompañar el paseo con los versos del Himno al amor , de Edith Piaf: "Si un jour la vie t arrache à moi/ Si tu meurs que tu sois loin de moi/ Peu m importe si tu m aimes/ Car moi je mourrai aussi/ Nous aurons pour nous l éternité/ Dans le bleu de toute l immensité/ Dans le ciel plus de problèmes/ Mon amour crois-tu qu on s aime/ Dieu réunit ceux qui s´aiment".
Praga
Tal vez sea difícil decir qué hace romántica a una ciudad, pero para Praga no hay muchas explicaciones: es su atmósfera toda la que crea un ambiente favorable a Cupido, teñida de un aire que invita a la confidencia, al abrazo, a la intimidad. En barco sobre el Moldava, a pie por las callejuelas empedradas iluminadas por la luz tenue de los faroles, sentados a la mesa frente a una copa de vino de Bohemia o en el Baile de las Flores que se realiza cada enero, Praga es el escenario ideal de los enamorados. Iglesias, monasterios, antiguas casas del barrio judío, el Puente de Carlos, el castillo de Praga, el reloj astronómico, todo parece creado para marcarle el tiempo a una historia de amor. Aquí, en la Ciudad Dorada, se estrenó el Don Juan , de Mozart, que aunque poco confiable y bastante aventurero bien sabía en cuestiones amorosas (se dice que Casanova estuvo presente la noche del debut). Un momento ideal es el atardecer, cuando el sol se refleja sobre los antiguos techos y el Moldava parece evocar a los enamorados las viejas melodías de Smetana, en el tranquilo vaivén de sus aguas.