NUEVA YORK.- "El 1° de febrero nos proponemos iniciar una guerra submarina total", empezaba diciendo el cable diplomático más famoso que se haya revelado, enviado por Alemania a México en enero de 1917.
Si alguien tiene alguna duda sobre las consecuencias devastadoras que pueden tener los cables diplomáticos "filtrados", quedará disipada con las primeras oraciones del infame "telegrama Zimmerman".
Interceptado por el servicio de inteligencia británico y entregado a Estados Unidos, entonces neutral, el telegrama del ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Richard Zimmerman, proponía un simple intercambio: México se unía a Alemania para declararle la guerra a Estados Unidos y, a cambio, Alemania se aseguraba de que Texas, Arizona y Nuevo México fueran devueltos a México después de la guerra.
Por tentadora que resultara la oferta, México la rechazó, y, poco después de enterarse de la existencia del telegrama, Estados Unidos le declaró la guerra a Alemania.
Así como los historiadores debaten eternamente las causas de la Primera Guerra Mundial, los expertos en seguridad y libertad de expresión han demonizado la última entrega de documentos gubernamentales de Estados Unidos revelados por WikiLeaks. ¿Las tácticas de guerrilla de WikiLeaks alimentan un bien incuestionable -la transparencia- o pueden provocar un caos que supere por lejos cualquier beneficio?
La enorme cantidad de cables diplomáticos que ese sitio web reveló durante el fin de semana incluía información clasificada sobre los motivos y las realidades logísticas de la política exterior estadounidense, tanto con respecto a Estados Unidos en sí mismo como con respecto a sus aliados y rivales. Esta purga masiva ha provocado la colérica condena de la administración de Obama y de otros gobiernos cuyos secretos también quedaron expuestos.
Como mínimo, las revelaciones complicarán la política estadounidense y molestarán profundamente a algunos gobiernos. Algunos de los que sentirán mayor incomodidad afirmarán que se trata de fabricaciones. Otros tomarán medidas legales: demandarán a WikiLeaks o, como mínimo, buscarán el castigo de los responsables de filtrar esos cables.
En 1917, por supuesto, algunas de estas preocupaciones no existían. Sin embargo, algunos hechos permanecen inalterados. Por ejemplo, algunos de los más perjudicados aliados de Estados Unidos ya han sacado a relucir la teoría de que los cables fueron "fabricados".
Otra semejanza es la manera en que filtraciones tan graves complican la decisión política. En 1917, el descubrimiento del "telegrama Zimmerman" se convirtió en una amenaza para el esfuerzo del entonces presidente Woodrow Wilson por mantener a Estados Unidos fuera de la guerra.
Washington dudaba de su veracidad, pero el 29 de marzo de 1917 el canciller Zimmerman reconoció que el telegrama no era falso. El 6 de abril, Estados Unidos entró en guerra.
¿Podría entonces WikiLeaks desencadenar una guerra? Sí, podría. Pero, sin duda, ésa no es su intención. A juzgar por sus anteriores declaraciones, Julian Assange rechazaría cualquier culpa y acusaría a los que hicieron las declaraciones reveladas en los cables. Esa actitud es bastante insensata.
En algún momento, durante los acuerdos entre naciones soberanas sometidas o bien a presiones electorales o a las consecuencias del malestar de su población, es inevitable que se sostengan conversaciones privadas, y deben mantenerse en privado. No siempre pueden darse personalmente? y de allí la necesidad de los cables diplomáticos y de la existencia de la información clasificada en general.
Por haber estado involucrado en informar sobre Al-Qaeda a fines de la década de 1990, me pregunto constantemente si el 11 de Septiembre podría haberse evitado si un ignorante (o simplemente insensato) agente del FBI no hubiera alardeado ante The Washington Times que estaban escuchando las conversaciones que Osama ben Laden mantenía por su teléfono satelital. ¿Creo que es culpa de la fuente de la CIA? Sí. ¿Creo que el diario es inocente? No.
Por supuesto, Ben Laden jamás volvió a usar su teléfono satelital. Tal vez la mejor manera de demostrar que cierta información no debe hacerse pública sea invertir esta columna: ¿qué habría pasado, por ejemplo, si WikiLeaks hubiera revelado los primeros tanteos para la celebración de una cumbre entre el presidente Nixon y Mao Tse Tung? ¿Acaso Nixon hubiera viajado a China? Lo dudo.
Deberíamos entender la diferencia entre las cosas que importan y las que no. Los países tienen secretos y deben tenerlos. La prueba de una verdadera democracia no es si tiene o no secretos, sino que es si esos secretos sirven a un fin más elevado. En muchos casos, desde el 11 de Septiembre los secretos guardados por Washington no han servido para un fin más noble, y ése es el combustible que alimenta a WikiLeaks. El público estadounidense desconfía de Washington y el público global desconfía de Estados Unidos. Sin embargo, el mundo en blanco y negro imaginado por WikiLeaks va demasiado lejos: no se permite ningún gris. El mundo, desafortunadamente, es mucho más complicado que eso.