La filtración a los medios del mundo de más de 250.000 cables reservados de la diplomacia norteamericana puede tener consecuencias graves de todo tipo. Tanto en los Estados Unidos, como en el resto del mundo. La Secretaría de Estado norteamericana deberá, de pronto, jugar con las cartas abiertas frente a interlocutores que, por lo menos, se cuidarán extremadamente acerca de la existencia de una confidencialidad que ya no puede presumirse. Esto es, por lo menos, ineficiente. Pero también incómodo. Algunos de esos interlocutores, por lo demás, han quedado desairados, sino lastimados.
Por ello no es imposible que lo sucedido pueda tener algún impacto sobre la supervivencia de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en la cartera que ocupa. Y quizás hasta haber mellado sus aspiraciones presidenciales.
Respecto de las revelaciones que tienen que ver con los Kirchner, es cierto, para los argentinos no parece haber todavía (los cables son muchos y aún pueden aparecer otros episodios) demasiadas sorpresas.
Que la imagen de nuestra administración era mala después de la Cumbre de Mar del Plata, no hay dudas. Que la permanente duplicidad en el andar genera riesgos, tampoco. Para todos los interlocutores, desde que cabe presumir que algunos de los cables que han trascendido inesperadamente no serán del agrado de algunos de los amigos "bolivarianos". Que los primeros encontronazos con Arturo Valenzuela no fueron felices era obvio. Que la aventura hondureña pretendió distraer luego de la dura derrota electoral del 28 de junio era evidente. Que ella terminó mal y mostró ineptitud estaba, por lo demás, meridianamente claro.
No obstante, hay filtraciones que seguramente molestan, como la que tiene que ver con la abstención de voto en la Agencia Internacional de Energía Atómica. O aquella que confirma una suerte de desesperación por acercarse a Barack Obama. O la que acredita que se utilizó nuestra tirantez con Irán para tratar de mejorar imagen con una administración que ciertamente tenía desconfianzas. O la que se relaciona con las conocidas actividades de un entonces canciller en la década de los 70. Seguramente la más inquietante es aquella que tiene que ver con la preocupación por el estado mental de la Presidente, pero ocurre que la simple lectura de alguna tapa de la revista Noticias pudo haber abonado esas dudas.
Lo sucedido sugiere que la relación con los Estados Unidos ha quedado en una situación de incomodidad. Como muchas otras bilaterales del país del norte, también afectadas por las filtraciones. Por las mismas razones. Habrá que hacer lo posible por superar el incidente. No será necesariamente sencillo. De cara a los hechos pareciera que los primeros pasos -y seguramente alguna disculpa- deberán iniciarse en el Norte, presumiblemente.
El autor es ex embajador ante las Naciones Unidas.