El barrio de Manhattan vive una notable transformación, recupera viejas glorias y estrena contrastantes atracciones
Sir Paul McCartney actuará en Harlem en diciembre luego de agotar dos veces la capacidad de 45.000 espectadores del estadio de River (más que las que lo llenaron en el clásico con Boca). A los 68 años se dará el gusto al debutar en el teatro Apollo, el mismo en el que actuaron, entre otros iconos del jazz y el soul, sus ídolos Billie Holliday, Stevie Wonder, Sarah Vaughan, James Brown.
La sala, nacida en 1913, creó la legendaria noche de los aficionados donde fueron descubiertos desde Ella Fitzgerald hasta Michael Jackson y sus hermanos, en 1969. Precisamente allí le rindieron un megahomenaje en el primer aniversario de la muerte del Rey del Pop.
Aquel concurso ha sido repuesto y es una de las citas obligadas de la noche del miércoles en Manhattan, y no sólo para los vecinos del barrio.
El teatro queda en el 253 West de la 125th Street, también llamada Martin Luther King Jr. Boulevard. Esta calle es uno de los ejemplos del renacimiento espectacular de Harlem. Lo confirma la reciente instalación de sucursales de marcas famosas: Mac Cosmeticas, H&M, CVS Pharmacy, el complejo de cines creado por Magic Johnson en 1994, a las que se suman la esquina de Starbucks y el local de Disney, que es una señal de tiendas para familias y niños.
A un par de cuadras, el ex presidente Bill Clinton acaba de renovar contrato por otros diez años en sus oficinas en el último de los 14 pisos del 55 West 125th Street.
En esta calle principal (Maine Street) mantienen su presencia activa vinculada con la cultura afro-americana el National Black Theatre y el Studio Museum, cuya tienda Black is Beautiful es una tentación para turistas que quieran hacer regalos diferentes. Lo mismo que en los comercios típicos que la rodean.
Recuerdo que las primeras veces que visite Harlem con mi hijo Julián mientras preparábamos nuestra Guía de New York, lo hacía con el propósito prioritario de disfrutar las misas con música gospel. Me llevaba en su camioneta un amigo argentino de muy buenas relaciones con las iglesias, que después traería esos coros a Buenos Aires con gran éxito.
Luego disfrutaba del almuerzo brunch de Silvya´s (328 de la avenida Lenox, entre las calles 126 y 127) y al atardecer me iba. No tenía miedo, pero me sentía más explorador que otra cosa, como me ocurre al recorrer La Boca cuando oscurece.
Un loft boutique
La señal más significativa de la transformación del barrio es que, por primera vez en 40 años, acaba de inaugurarse un nuevo hotel a la vuelta del teatro Apolo. Es el Aloft Harlem, de la cadena Starwood o Sheraton. Ultramoderno, tipo loft boutique, sobre la 23 Street en el 2298 de la avenida Frederick Douglas, muy cerca de la estación de Subte que inmortalizó Duke Ellington con el tema de Billy Strayhorn Take the A Train.
Es el corazón de una zona donde en 1940 se abrió el hotel Theresa, rascacielos que era conocido como el Waldorf Astoria de Harlem. En sus inicios sólo aceptaba blancos, pero luego tuvo huéspedes como Louis Armstrong, Josephine Baker, Jimi Hendrix, que eran rechazados por ser negros en la época de la discriminación que se mantuvo hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Lo hizo famoso Fidel Castro, que fue invitado con toda su comitiva cubana cuando lo echaron del hotel Shelburne porque le traía mala publicidad. El hotel, con muchos altibajos, cerró en 1967 y se transformó en el Theresa Towers, ocupado por oficinas.
Tiempos pasados que dejaron recuerdos que ahora se convierten en atracciones. Como el Lenox Lounge, en la misma avenida, entre las calles 124 y 125. Se destaca su decoración art déco y el enorme ventanal, ideal para semblantear la vida pasar y pasar (palabras de Jorge Schussheim). Entre sus fantasmas lo siguen soñando James Baldwin y Langston Hughes, y por supuesto, el habitúe Malcolm X, que le dio su sobrenombre a la avenida. Igual que las figuras legendarias de Miles Davis o John Coltrane en su Zebra Room. Fue restaurado y la Guía Zagat lo consideró entre su lista Best of the Best de 2002.
En esa localización, entre medio centenar de lugares del barrio filmó Ridley Scott la película Gangster americano, sobre Frank Lucas (Denzel Washington) y su enfrentamiento con el detective Richie Roberts (Russell Crowe).
Eran los años setenta, con el fondo del fin de la Guerra de Vietnam y la caída de Saigón.
Las cosas cambiaron y hoy podríamos titular Harlem, volver a vivir, para citar el nombre de un programa de la inolvidable Blackie (que era buena cantante de spirituals).