Cambia la tendencia de la unión civil en Buenos Aires
La Ley 1.004 se aprobó en diciembre de 2002 como una manera de ofrecer un marco legal a las parejas homosexuales de la Ciudad de Buenos Aires. Pero hoy casi el 80% de quienes recurren a esta alternativa son heterosexuales que la eligen como un paso previo al matrimonio. Entre 2004 y 2007, el número de porteños que decidió legalizar su situación de esta manera aumentó hasta un 400%. Argentina fue el primer país de Latinoamérica en avalar esta problemática en el Congreso. Pero el debate continúa. Hay proyectos legislativos para que se convierta en una normativa válida a nivel nacional.
Hoy, a cinco años, lejos quedaron las voces de protesta de aquellos diputados porteños que argumentaban que no querían tratar el proyecto porque el país estaba en medio de una crisis socioeconómica. Y los números reflejan la aceptación local de este híbrido entre convivencia y matrimonio que otorga derechos a los concubinos, pero sin todo lo que implica el casamiento. O sea, quedan excluidos los derechos del ámbito de la Nación, como herencia y coadopción.
Cifras.
Aquello que empezó como una reivindicación de los homosexuales hoy es una opción cada vez más elegida por las parejas heterosexuales. Según datos del Registro Civil porteño, en el año 2003 las uniones gays representaban un 73 por ciento, frente a un 27 por ciento de parejas heterosexuales. Esta tendencia comenzó a revertirse y en 2007 las parejas de varón y mujer llegan al 79 por ciento. También aumentó la cantidad de uniones en forma significativa: entre 2004 y 2007 hubo incrementos de hasta 400 por ciento (según el mes).
Esto se acompaña con otro cambio: mientras las uniones heterosexuales están en alza, los matrimonios en Buenos Aires descienden. Mientras que en 2003 se registraron 270 casamientos por cada unión, el año pasado la proporción se redujo a 58 matrimonios por cada concubinato civil.
Las parejas de mujeres mantienen el tercer puesto. A las chicas lesbianas les cuesta muchísimo más mostrarse como pareja y eso hace que muchas no se decidan hasta que sea estrictamente necesario. El trámite implica socializar de alguna manera el vínculo, y no hay que olvidar que es un registro oficial, grafica César Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) e impulsor del proyecto.
Para Cecilia Piñero, directora Legal del Registro Civil y una de las personas que trabajaron en la implementación de las uniones, era previsible que las parejas heterosexuales optaran por este trámite. Las uniones civiles permiten a los contrayentes acceder a todos los beneficios que otorgan las leyes para los cónyuges. Era lógico que quienes no querían casarse eligieran esto, explica.
Antes de la Ley 1.004 la única alternativa para acreditar las uniones de hecho eran las informaciones sumarias. Así se acredita la convivencia, pero para cada trámite en particular. En cambio, con la unión civil se hace una sola vez para presentar ante quien lo requiera, agrega Piñero.
Mapa.
Buenos Aires fue el primer distrito latinoamericano en tener unión civil. Luego se sumaron Carlos Paz y Río Negro (aún sin reglamentación). En Chaco, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Corrientes también hay proyectos similares presentados. La CHA elaboró una iniciativa a nivel nacional para permitir que parejas del mismo sexo puedan adoptar, heredar y cobrar pensiones.
En octubre de este año, la ex senadora Vilma Ibarra presentó un proyecto de casamiento homosexual. Es el primero que llega a la Cámara alta y busca darle a las parejas gays derechos como pensión, herencia, alimentos, adopción y obra social. La iniciativa espera tratamiento en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. Según sus voceros, Ibarra volverá a presentarla en la Cámara baja, donde ya hay otro proyecto similar redactado por el diputado Eduardo Di Pollina, ya firmado por 21 legisladores.
Fuera de la Argentina, el mapa de uniones civiles y matrimonios se va dibujando poco a poco. En Noruega, Suecia, Alemania, Islandia, Inglaterra, Dinamarca y Países Bajos ya hay uniones. Bélgica es uno de los pocos países que tienen matrimonio homosexual, pero nunca tuvo uniones civiles.
Francia cuenta con su Pacto de Solidaridad, pero no es algo específico para parejas. España permite los casamientos homosexuales desde 2005. También se suman a la lista Canadá, donde se permite el matrimonio, y nueve estados norteamericanos que cuentan con uniones civiles.
Volviendo a América latina, hay uniones en la ciudad de México, y acaba de aprobarse en Uruguay. Colombia, Chile y Brasil están comenzando a debatir la cuestión.
Poco a poco, el tema va tomando estado público en todos lados. En Argentina ya lleva cinco años ininterrumpidos, y los números demuestran que el debate, lejos de terminar, recién está empezando.
Impulsores del proyecto de ley y pioneros en América latina
La unión civil de César Cigliutti y Marcelo Suntheim fue mucho más que un acto de amor. Fue el símbolo de años y años de lucha ininterrumpida por el reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales. Y esa pelea logró que ambos se convirtieran en la primera pareja gay en toda América latina en obtener reconocimiento estatal.
La foto de César y Marcelo a los besos y abrazos recorrió el mundo ese 18 de julio de 2003. El presidente y el secretario de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) dieron el sí rodeados de fotógrafos, camarógrafos y periodistas. Tiempo antes había nacido la idea, cuando café de por medio pensaron que era hora de presentar un proyecto de unión civil como ya existía en otros países. Nos asesoró Graciela Medina, que fue la primera jueza argentina que reconoció derechos de herencia en una pareja gay, y empezamos a planificar una estrategia muy minuciosa y consensuada con todos los activistas, recuerda César, ahora con otro café en la mano.
De la CHA también surgió la necesidad de que la ley incluyera a todos por igual. No íbamos a permitir que fuera un proyecto exclusivo para nuestra comunidad porque era una cosa muy estigmatizante e iba a crear como un registro rosa para nuestras relaciones, agrega. En una asamblea en la asociación eligieron a César y Marcelo como los pioneros. Y ellos no lo dudaron: Ya vivíamos en pareja hacía seis años, en una relación consolidada y pública, y también había que atreverse a ser la primera pareja que se uniera civilmente.
Hoy, a más de cuatro años de la ceremonia, su lucha no para. Aunque reconocen y celebran los beneficios de la Ley 1.004, también dicen que hay una batalla larga por venir. La CHA está trabajando en un proyecto que trascienda la General Paz y que permita una ley de unión civil nacional. La ley de la Ciudad de Buenos Aires reconoce todos los derechos que puede reconocerle a una pareja, pero hay cosas que son del ámbito de la Nación, como el tema de la pensión por fallecimiento, la herencia y, por supuesto, el tema de la co-adopción, enumera Marcelo.
También ambos reflexionan sobre el cambio y cómo fueron ganando en número las uniones heterosexuales. La ley refleja más la realidad ahora que antes: el mayor porcentaje de la población es heterosexual, así que se supone que eso se tiene que traducir en la ley de unión civil, comienza César. Y Marcelo completa: Hoy se entiende que es una ley que da beneficios sociales básicos a las parejas, entonces no es raro que parejas heterosexuales jóvenes, que comienzan una convivencia en común, decidan optar por una unión civil que refleja de alguna manera un compromiso y metas en común. De todas maneras, aclaran y dividen los tantos: la unión civil no es igual al matrimonio.