Ponerse colorado también es una cuestión de estrés
Especialistas hablan de cómo la rosácea, una enfermedad de enrojecimiento de la piel, afecta la vida cotidiana;
La dermatóloga Rita García Díaz suele hacer las veces de psicóloga. Por su consultorio desfilaron las mil caras de la rosácea, esa enfermedad inflamatoria que, para quien la padece, es mucho más que ponerse colorada. "Causa angustia. Acá vienen muchas mujeres que tienen problemas laborales por la rosácea, sobre todo en el ambiente empresarial que es tan competitivo y que hoy en día se focaliza mucho en la presencia física", cuenta. Y se explaya: "Recuerdo chicas que tenían roles importantes o aspiraban a cargos más altos y el hecho de que se pusieran coloradas antes de presentaciones, o que se llenaran de manchas era una contra importante. Desaparecido eso las situaciones se facilitan".
También están las personas que preferían perderse una cita por temor a un brote en las mejillas o el cuello, las principales zonas de esta enfermedad que avergüenza y que afecta, en su mayoría, a mujeres.
La especialista explica que el estrés es uno de los desencadenantes del enrojecimiento de la piel. "El estrés tiene una incidencia importante porque la rosácea está íntimamente ligada con la dermatitis seborreica y, cuando hay una situación de tensión, el cuerpo segrega más sebo. Entonces aparecen esas lesiones que quedan instaladas y persisten", informa la médica. Otras de las causas de la rosácea, una enfermedad que tiene un componente genético importante, son los cambios bruscos de temperatura, las emociones fuertes, el uso de ciertos cosméticos, el consumo de bebidas calientes o alcohólicas, entre otras.
María del Carmen Escobar hace cinco años que trata esta enfermedad. Siente una mezcla de vergüenza y bronca al reconocer que su cara roja y su cuello brotado la acompañarán siempre. "No puedo estar al sol, no hay maquillaje que aguante, bebidas alcohólicas nunca tomé", enumera. Y agrega que en su nuevo trabajo como niñera descubrió un nuevo desencadenante para su karma: "Cada vez que le hago baños de vapor al pequeño, me broto toda, me arde la piel y es una sensación de calor y ardor que no se apaga con nada".
Si bien este mal no tiene cura -es una enfermedad crónica- hay tratamientos que permiten controlarla para que los pacientes puedan llevar una vida normal. Lo importante, recomiendan, es tratarla a tiempo.